DLDSS-015 Mrs. Mino Suzume, The President’s Wife Who Silently Reverse NTRs The Subordinates Of Her Husband Who Missed The Last Train
En las altas esferas de una gran empresa, el presidente trabaja hasta tarde y, una noche más, pierde el último tren. Su joven y elegante esposa, la señora Mino Suzume, queda sola en la enorme mansión. Lo que comienza como una simple preocupación por los empleados que también se han quedado varados en la oficina se transforma en una noche cargada de deseo contenido. Suzume, con su figura delicada, piel suave y mirada inocente, decide recibir en su casa a dos subordinados directos de su marido. Lo que nadie imagina es que ella, en silencio y con una determinación fría, inicia un juego de seducción que los llevará a traicionar, sin palabras, la lealtad hacia su jefe. La película explora la tensión sexual que crece en un ambiente lujoso, donde el poder, el deseo y la prohibición se entremezclan en escenas intensas y sin censura.
La película destaca por la actuación contenida pero intensamente erótica de Suzume Mino. Las escenas son largas, bien iluminadas y enfocadas en la expresión facial y los detalles corporales. El contraste entre la elegancia de la mansión y la crudeza del acto sexual crea una atmósfera única. Es un reverse NTR silencioso, donde la esposa toma el control sin gritos ni violencia, solo con deseo y estrategia.





📄 Información del Contenido:
📌 Título: DLDSS-015 Mrs. Mino Suzume, The President’s Wife Who Silently Reverse NTRs The Subordinates Of Her Husband Who Missed The Last Train
🦸🏼♀️ Protagonista: Mino Suzume
🎓 Estudio: DAHLIA
📅 Estreno: 2021-07-08
🚫 Censura: No
⏳ Duración: 123 minutos
💾 Tamaño: 2.55 gigas
📤 Uploader: Bunnygirl
🔐 Contraseña: colitahentai
La historia arranca cuando el presidente llama a su esposa para avisarle que no podrá regresar esa noche. Suzume, vestida con un delicado camisón de seda que apenas cubre sus curvas, responde con voz calmada mientras sus dedos rozan el borde de la tela. Poco después, recibe una llamada de uno de los subordinados: dos empleados leales, exhaustos tras una larga jornada, han perdido también el último tren y no tienen dónde pasar la noche. Con una sonrisa apenas perceptible, ella les ofrece quedarse en la mansión.
Al llegar, los hombres se sienten incómodos en aquel entorno tan lujoso. Suzume los recibe con hospitalidad, sirviendo bebidas y conversando con suavidad. Su presencia es magnética: el cabello largo cayendo sobre sus hombros, los labios ligeramente húmedos y la forma en que el camisón se adhiere a su cuerpo cuando se mueve. La conversación pasa de lo profesional a lo personal. Ella pregunta sobre sus vidas, sus frustraciones en el trabajo y, sutilmente, deja caer comentarios que hacen que los dos hombres se sientan vistos, deseados.
La temperatura sube cuando uno de ellos, nervioso, derrama un poco de bebida sobre su camisa. Suzume se acerca para ayudarlo a limpiarla. Sus manos delicadas rozan el pecho del hombre a través de la tela húmeda. El contacto es eléctrico. Sin decir nada explícito, ella deja que su cuerpo se acerque más, permitiendo que su aliento cálido roce el cuello del subordinado. El otro hombre observa, incapaz de apartar la mirada. Pronto, los tres se encuentran en el amplio salón, la luz tenue y el silencio roto solo por respiraciones agitadas.
Suzume se sienta entre ellos en el sofá. Con movimientos lentos y deliberados, desliza una mano por el muslo de uno mientras su mirada se clava en el otro. Empieza a desabrochar botones con paciencia, revelando piel caliente. Se inclina y besa el cuello del primero, luego el del segundo, alternando su atención. Sus labios suaves exploran, su lengua traza líneas húmedas. Los hombres responden, sus manos recorriendo la espalda de ella, bajando hasta sujetar sus caderas con fuerza creciente.
Ella se pone de rodillas frente a ellos en el sofá, alternando su boca entre uno y otro con una destreza que los deja sin aliento. Sus labios se cierran alrededor de cada miembro endurecido, moviéndose con ritmo lento al principio, luego más profundo y húmedo. La saliva brilla en su barbilla mientras los chupa con dedicación, mirándolos a los ojos. Uno de los hombres gime, enredando los dedos en su cabello, guiando suavemente su cabeza. El otro acaricia sus pechos a través del camisón, pellizcando los pezones endurecidos hasta que ella suelta un gemido ahogado.
La escena evoluciona cuando Suzume se levanta y deja caer el camisón al suelo, quedando completamente desnuda. Su cuerpo es esbelto, con curvas suaves y piel impecable. Se sube encima de uno de los hombres, sentándose lentamente sobre su miembro erecto. El grosor la abre poco a poco mientras ella desciende, dejando escapar un suspiro largo y tembloroso. Comienza a moverse, balanceando las caderas en círculos y luego subiendo y bajando con ritmo creciente. Sus paredes internas lo aprietan con fuerza, húmedas y calientes.
Mientras tanto, el segundo hombre se coloca detrás de ella. Sus manos separan sus nalgas y su miembro presiona contra la entrada trasera. Con cuidado pero firmeza, entra en ella, llenándola completamente por ambos lados. Suzume gime más fuerte, su cuerpo temblando entre los dos hombres. El ritmo se acelera: uno empuja desde abajo mientras el otro lo hace desde atrás, sus cuerpos chocando en un compás sincronizado. El sonido húmedo de la piel contra piel llena la habitación, mezclado con gemidos y respiraciones entrecortadas.
Cambian de posición varias veces. En una, ella queda recostada de lado, una pierna levantada mientras uno la penetra profundamente y el otro le ofrece su miembro para que lo chupe. En otra, se arrodilla sobre la cama, apoyada en los codos, recibiendo embestidas fuertes por detrás mientras su boca se ocupa del segundo hombre. Sus pechos se balancean con cada movimiento, los pezones rozando las sábanas. El placer se vuelve abrumador; Suzume alcanza el clímax varias veces, su cuerpo convulsionando, contrayéndose alrededor de los miembros que la llenan.
Los hombres, incapaces de resistir más, terminan casi al mismo tiempo. Uno se derrama dentro de ella, llenándola con calor líquido, mientras el otro lo hace sobre su espalda y pechos, dejando rastros brillantes. Suzume, con la respiración agitada y el cuerpo cubierto de sudor, sonríe con satisfacción silenciosa. Ha conseguido lo que quería: poseer a los subordinados de su marido sin que él lo sepa.



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