FTHTD-152 [The Close-Up Nonfiction] I’m Taking Care Of My Older Brother. My Younger Sister, A Young Carer, Is A Recluse. It’s A Rule In Our Household That She Takes Care Of The Sexual Needs Of Her Siblings. Kuroshima Rei
FTHTD-152 [The Close-Up Nonfiction] I’m Taking Care Of My Older Brother. My Younger Sister, A Young Carer, Is A Recluse. It’s A Rule In Our Household That She Takes Care Of The Sexual Needs Of Her Siblings. Kuroshima Rei. En una casa tradicional japonesa rodeada de un pequeño jardín de piedras y bambú, vivían una joven y su hermano mayor tras la muerte de sus padres. La casa conservaba los tatami impecables, los paneles shoji que filtraban la luz suave y los futones bajos donde descansaban. El hermano no tentía novia. La frustración y el aislamiento en aquella casa lo consumían. La joven, que se encargaba de todo, sentía el peso de una promesa familiar: cuidar de él como fuera necesario.





📄 Información del Contenido:
📌 Título: FTHTD-152 [The Close-Up Nonfiction] I’m Taking Care Of My Older Brother. My Younger Sister, A Young Carer, Is A Recluse. It’s A Rule In Our Household That She Takes Care Of The Sexual Needs Of Her Siblings. Kuroshima Rei
🦸🏼♀️ Protagonista: Kuroshima Rei
🎓 Estudio: FALENOTUBE
📅 Estreno: 2025-12-18
🚫 Censura: No
⏳ Duración: 160 minutos
💾 Tamaño: 1,62 gigas
📤 Uploader: Bunnygirl
🔐 Contraseña: colitahentai
En FTHTD-152, al principio solo eran cuidados diarios: baños en la ofuro de madera, masajes en las piernas y preparación de comidas sencillas. Pero una noche de lluvia golpeando el techo de tejas, el hermano despertó con una erección dolorosa que no podía aliviar. Su voz ronca atravesó la oscuridad: “Hermana… necesito que me ayudes”. Ella se quedó congelada junto al fusuma entreabierto. Sabía exactamente qué pedía. Tras varias noches de súplicas y lágrimas, cedió. Las deudas de la familia pesaban y el dolor de él parecía insoportable. Cada noche, después de cerrar los shoji, entraba en la habitación. Lo ayudaba a quitarse el yukata, sus manos recorriendo el torso fuerte. Se arrodillaba sobre el tatami y tomaba el miembro grueso entre sus labios suaves. Lo lamía despacio, sintiendo cómo crecía en su boca, luego lo succionaba con dedicación, bajando hasta que su garganta se contraía. En FTHTD-152, él gemía agarrando su cabello negro, guiándola más profundo. Cuando explotaba, ella tragaba todo, limpiándolo con la lengua como él exigía. No siempre era solo con la boca. Algunas noches la hacía subir al futón. La joven se desnudaba, dejando caer el ligero yukata al suelo, y se colocaba encima, guiando el pene erecto hacia su vagina húmeda. Cabalgaba con movimientos lentos al principio, sintiendo cada centímetro llenarla por completo. Sus pechos se movían al ritmo mientras él apretaba sus caderas. “Más rápido… quiero sentir cómo te entregas”, gruñía. Ella obedecía, moviéndose con fuerza, el sonido húmedo de sus cuerpos llenando la habitación silenciosa. En FTHTD-152, el placer la invadía a pesar de la vergüenza y alcanzaba el clímax con gemidos ahogados, contrayéndose alrededor de él hasta que el hermano se vaciaba dentro, llenándola de semen caliente. En FTHTD-152, por las mañanas, antes del desayuno, le ofrecía una mamada rápida para calmarlo. Por las tardes, si la tensión era demasiada, lo masturbaba con aceite de camelia mientras susurraba las palabras que él quería oír. A veces la penetraba por detrás, colocándola a cuatro patas sobre el futón, embistiendo con fuerza mientras sus manos fuertes sujetaban sus nalgas. La joven aprendió a correrse intensamente, su cuerpo traicionándola con oleadas de placer prohibido. Una noche, tras una sesión especialmente intensa donde la había hecho alcanzar el orgasmo varias veces con su boca y luego la había follado hasta dejarla exhausta, se quedaron acostados sobre el futón. El aroma del incienso aún flotaba en el aire. “Esto está mal”, susurró ella. Él acarició su espalda desnuda. En FTHTD-152, “Es lo que nos mantiene vivos en esta casa vacía”. La línea entre obligación y deseo se desdibujaba con cada encuentro. La joven sabía que nadie podía enterarse. Era su secreto más profundo en aquella casa tradicional japonesa. Con el paso de los días, los rituales continuaron entre los paneles de papel y los tatami. Ya no era solo necesidad; había una adicción extraña. Él la besaba con pasión creciente, explorando su cuerpo como un amante. Ella, aunque cargaba culpa, encontraba en esos momentos un consuelo retorcido: era indispensable, deseada, unida a él de la forma más íntima posible.


