GMEM-146 Confinement! Torture! Training! Screams! Climax! Forced Orgasm Screaming Torture Training. Revenge Of The Elite Narcotics Investigator ~ Tears Of Submission, A Fierce Pleasure, An Endless Ascension To Climax Hell ~ Sarara Uruki
GMEM-146 Confinement! Torture! Training! Screams! Climax! Forced Orgasm Screaming Torture Training. Revenge Of The Elite Narcotics Investigator ~ Tears Of Submission, A Fierce Pleasure, An Endless Ascension To Climax Hell ~ Sarara Uruki. Sarara era una élite narcóticos investigadora cuya sed de venganza ardía desde aquella noche en que la secuestraron y le inyectaron drogas ilegales que la hicieron gritar de placer forzado hasta perder la conciencia. Ahora, años después, con el cuerpo firme y la mirada fría, juró destruir a la sociedad del León Negro. Cuando sus compañeros comenzaron a desaparecer uno tras otro, Sarara no esperó órdenes: obtuvo la pista de un informante y entró sola en la guarida. En GMEM-146, el golpe fue inmediato. Manos fuertes la sujetaron, cadenas frías rodearon sus muñecas y tobillos, y su cuerpo quedó expuesto, inmóvil, mientras risas burlonas llenaban el aire. Le inyectaron de nuevo aquella sustancia prohibida que ella misma perseguía. El calor se expandió desde el vientre hasta cada nervio, hinchando sus pechos, haciendo que sus pezones se endurecieran y que su coño empezara a gotear sin control.


📄 Información del Contenido:
📌 Título: GMEM-146 Confinement! Torture! Training! Screams! Climax! Forced Orgasm Screaming Torture Training. Revenge Of The Elite Narcotics Investigator ~ Tears Of Submission, A Fierce Pleasure, An Endless Ascension To Climax Hell ~ Sarara Uruki
🦸🏼♀️ Protagonista: Uruki Sara (Uruki Sarara)
🎓 Estudio: AVSCollector’s GOLD
📅 Estreno: 2026-02-24
🚫 Censura: No
⏳ Duración: 134 minutos
💾 Tamaño: 1.99 gigas
📤 Uploader: Bunnygirl
🔐 Contraseña: colitahentai
No podía moverse. En GMEM-146, dedos ásperos abrieron sus muslos, labios brutales succionaron sus senos, y una lengua insistente se clavó en su clítoris mientras la droga convertía cada roce en una descarga eléctrica. Sarara apretó los dientes, intentando aferrarse a su odio, pero las oleadas de placer la atravesaban sin piedad. La tortura no era solo dolor: era estimulación constante, vibradores potentes presionados contra su entrada, un taladro eléctrico que zumbaba sobre su punto más sensible, dedos que la penetraban profundo y la estiraban mientras le ordenaban correrse. En GMEM-146, ella resistía, sudaba, gemía entre dientes, pero el cuerpo traicionaba. El primer orgasmo la sacudió con violencia, haciendo que su vagina se contrajera alrededor de los dedos invasores y que un grito escapara de su garganta. En GMEM-146, no había descanso. Inmediatamente volvieron a estimularla, ahora con un consolador grueso que entraba y salía sin piedad, golpeando su cérvix mientras la droga mantenía su sensibilidad al máximo. Las memorias del pasado se mezclaban con el presente: el mismo calor, el mismo miedo convertido en excitación incontrolable. Sarara intentaba recordar por qué estaba allí, el rostro de sus compañeros desaparecidos, pero cada embestida la empujaba más lejos de la razón. En GMEM-146, le untaron aceite por todo el cuerpo, masajearon sus pechos hasta dejarlos rojos y sensibles, y luego la penetraron por detrás mientras un vibrador seguía trabajando su clítoris. En GMEM-146, el segundo orgasmo llegó más fuerte, haciendo que su cuerpo se arquease contra las cadenas y que jugos transparentes chorrearan por sus muslos. Ellos reían, la llamaban puta de la policía, y continuaban. Ahora usaban dos dildos a la vez, llenando su coño y su culo, estirándola hasta el límite mientras le obligaban a mirar cómo su propio cuerpo se entregaba. El tercer orgasmo la dejó temblando, con lágrimas en los ojos y la voz rota. Aún así no paraban. La droga hacía que cada roce, cada roce de aire, se sintiera como fuego. Le lamiaron el sudor del cuello, le mordieron los pezones, y luego la montaron con fuerza, follándola sin piedad mientras ella se contraía alrededor de la polla gruesa que la invadía. El cuarto orgasmo la hizo gritar abiertamente, ya sin fuerza para ocultarlo. Su mente se nublaba, el odio se diluía en oleadas de placer blanco. La tortura seguía: más inyecciones, más estimulación con máquinas que no se detenían, más penetraciones profundas que la hacían correrse una y otra vez. El quinto orgasmo la dejó casi inconsciente, el cuerpo convulsionando, el coño palpitando vacío cuando la sacaban solo para volver a llenarla.


